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flora y fauna del transporte público

El tocino zaragozano

Esta entrada en el blog de Angelillo me ha inspirado y recordado que llevo días pensando, observando y sufriendo en mis propias “cannes” la misma situación.

“Endevéééééee que no quepo!!!”

Si él nos instruía sobre el burro madrileño, hoy yo os vengo a hablar sobre el tocino zaragozano, animal que tampoco está en peligro de extinción, sino todo lo contrario.

El tocino zaragozano es transportado de un lado a otro de la ciudad en unos vehículos que según nuestro señor alcalde funcionan poco menos que de puta madre (cómo se nota la cantidad de veces que ha cogido este un vehículo de estos, vamos, como el consejero de la comunidad de Madrid con los abonos del metrobus que también se ve que se ha sacado muchos en su vida), son rojos, y se empeña en llamárseles “transporte público” cuando en realidad deberían llamarse “transporte de ganado”.
El tocino zaragozano es metido a presión en estos vehículos en hora punta, e incluso superando la capacidad de carga del vehículo gracias a una megafonía bastante porculera que no para de decir “por favor, pasen a la parte trasera del autobús. Gracias” cuando ya no cabe ni la pulga Benito en el interior. Pero da igual, aunque sea con calzador, aunque el tocino se tenga que sentar sobre la cabeza del conductor para poder subir se sube.
Como consecuencia de lo nombrado anteriormente, el tocino zaragozano debe desarrollar dotes de Spiderman para poder salir del vehículo, o en su defecto abrirse paso a hostia limpia, ya que algunos de estos tocinos se quedan en estado catatónico debido a la atmósfera chotuniana que se forma en el interior favorecida por los efluvios que emanan de los tocinos (que me río yo del CO2 que emiten a la atmósfera los pedos de las vacas).

El tocino zaragozano suele pagar una tasa por ser transportado, golpeado y zarandeado gracias al chófer que tiene alma de Niki Lauda (o en su defecto será primo vigésimo de Michael Schumacher por parte de madre) en este camión ganadero, salvo que sea tocino viejo, que entonces viaja gratis.

Y por último, y por encima  de todo, el tocino zaragozano tiene que estar agradecido (y emocionadoooo) por ser transportado en peores condiciones que las bestias en algunos momentos del día.

Pégame, que me gusta

Supongo que esto ocurrirá en los transportes públicos de toda España (y del mundo mundial). Quién no se ha subido alguna vez al autobús y ha sido atacado  por alguien (generalmente gente mayor) involuntariamente, pero oye, a fin de cuentas te han pegado. Desde señoras que te pegan unos viajes con sus bolsos sin pudor alguno, que casi te arrancan la cabeza y encima ni te piden disculpas, o señoras que te pisan el juanete o se te sientan prácticamente encima porque ocupan asiento y medio (y en invierno con los abrigos ya pa que contarte).

Pues ayer sufrí yo en mis “cannes” el ataque de la señora araña, que bien podría ser una versión histérica de Spiderman o la madre de Venom, y que al contrario que el superhéroe, no dispone de pichorra arácnida de esa (qué bien me explico eh) que le sale de las muñecas para agarrarse  a los sitios. La señora araña se subió ayer al autobús y se colocó detrás de mí de pie. Yo iba tranquilamente escuchando música y de espaldas a ella cuando de repente arrancó el autobús y a la señora araña le dio un yuyu y comenzó a pegarme en la espalda varios manotazos y arañazos porque no le había dado tiempo a agarrarse a la barra. Yo ya ni si quiera me di la vuelta, ni me inmuté. ¿Por qué me pegó? Pues una de dos, o ahora resulta que entre las cualidades que tengo se encuentran la de barra de transporte urbano o me vio cara (más bien espalda) de pertenecer al sindicato de Los Seis Siniestros y quería vendetta.

Para hacer carreras de F1 no hace falta ir a Jerez

Quien quiera vivir la experiencia de qué se siente en un fórmula 1 no tiene que irse donde Cristo perdió las alpargatas y pagar una pasta porque le dejen montar en un coche de carreras. Por el módico precio de un euro ( o 0,60€ si vas con tarjeta) puedes disfrutar de un rally por las calles de Zaragoza en un Mercedes o un Renault. Y es que tenemos algunos conductores de Tuzsa que se deben creer que son Schumacher o Niki Lauda. Pero la cosa tiene más emoción si vas en un autobús articulado y en la parte de detrás (y de pie, nada de ir sentado), y si a eso le sumamos que el autobús vaya a petar de gente porque Zaragoza no es una ciudad, sino una zanja de obra y el transporte público va “de maravilla” pues oye, para qué quieres más.
Cuando te toca ir en un autobús temerario de estos, te dan ganas de ponerte al lado del conductor y empezar a decirle: “cambioderechaarraaaaaaaasssssssssssss, curvaizquierda, cuidadofrenadaarraaaaaaaasssssssssyafondo”.
Y luego a lo mejor estás a punto de llegar a tu destino y al autobús le ocurre algo parecido a esto (sobre todo en verano) y te dan ganas de decirle al conductor esa célebre frase que dejó Luis Moya para los anales de la historia:

En fin, yo seguiré soltando adrenalina en el autobús hasta que algún día me pueda comprar un coche y no tenga que sufrir estas carreras ni dejarme las costillas en las barras del autobús gracias a los frenazos que dan (tan suaves oye), que esa es otra, si vas de pie en un autobús de estos te tienes que soldar a la barra o agarrarte hasta con los dientes para no matarte.

Cámara de gas (no se ni por qué parte voy ya)

El transporte urbano del futuro. Sí señor. Tuzsa siempre preocupándose por el usuario. ¿Que estamos a 35 grados en la calle? Tranquilo viajero, que entrarás al autobús y te pegará una bofetada de calor que ni en el infierno, porque se ha estropeado el aire acondicionado y el aire sale caliente. Aquí ya te expones a sufrir una lipotimia de las gordas si tienes muchas paradas hasta tu destino. Casi daban ganas de despelotarse dentro del autobús.
Pero no te preocupes, que no todo van a ser calores inviernales en el interior. También te puedes encontrar con el aire acondicionado del que te pone los pezones como para cortar cristal e invita casi a morir de hipotermia en pleno mes de agosto, frío del que te dan ganas de bajarte del autobús y revolcarte por el asfalto ardiente a las 2 de la tarde.

Cámara de Gas II

Vaya, yo que en mi antiguo blog le dediqué una sección a la flora y fauna del transporte urbano (los que me leían se acordarán de lo bien que lo pasaba yo viajando en la cámara de gas, también conocida como línea 30), he descubierto, bueno en realidad no lo he descubierto ahora, que llevo varios años dando clase allí, que el aula de video de filología es la segunda cosa que más se asemejaría a una cámara de tortura estilo nazi después del autobús, y no lo digo por las clases que se imparten allí, sino por el ambiente tan cargado que hay. Alguna vez deberíamos hacer la prueba y llevar un pollo de estos envasados del Mercadona, en su bandejica de forexpan o de cómo demonios se llame esa cosa, y puede que al finalizar la clase el pollo: A)terminase asado “al dente” o B)que debido a todos los microbios concentrados en ese habitáculo, el pollo cobrase vida, saliese de su envoltorio y se largase, nunca mejor dicho “por patas”. Y eso que todavía no han encendido la calefacción, que allí aun en puro invierno y estando tranquilamente a tres bajo cero en la calle, entras y te puedes quedar casi casi en pelotas (bueeeeno, tanto como en pelotas quizá no, pero en tirantes no pasas frio). Yo votaría por cambiarle el nombre a ese aula y en vez de Sala de Video llamarla Nueva Sauna Finlandesa, y ya puestos pues que cambien las sillas y pongan unas de Ikea, para crear ambiente…


Igual en vez de sillas nos pueden poner esto, aunque para pillar apuntes lo veo un poco complicado…

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