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yo me crié en el bar de la facultad

Rememorando tiempos universitarios: el por qué de mi aversión a David Lynch

Creo recordar que por alguna parte de este blog he comentado en alguna ocasión mis problemas con este señor tan mal peinado. No me gusta (su peinado no, sus películas). Diría que esto se remonta al 2005, pero fue unos años antes. La culpa la tuvo un sábado por la noche y el dvd de Mullholand Drive. Todavía me pregunto cómo no quité la película y me puse a ver cualquier otra cosa o irme a dormir directamente. No me enteré de nada (en ocasiones la neurona se pone en plan Yola Berrocal, qué le vamos a hacer). Y así se quedó la cosa: alquilé una película que la ponían por las nubes que a mí me pareció una basura y ya está. Ya no me volví a acordar del señor mal peinao.

Peeero, llegamos a 2005. Tenía una asignatura en la que me salieron los complejos de Edipo, las regresiones a los úteros maternos y los falos por las orejas. Llegó un punto que veía falos, úteros y Edipos hasta en los anuncios del Segundamano. Y aquí volvió a hacer acto de presencia el mal peinao con su película Blue Velvet. Si me cuesta un sufrimiento ver en casa sus películas, imaginad lo que era verlas durante la hora y media de clase, a ritmo de pausa y play (y en algunos momentos hasta rewind para volver a ver la escena) acompañado de las explicaciones del profesor, que se enrollaba como las persianas. Eso es tortura y lo demás son tonterías, porque tardabas en ver la película entre tres y cuatro sesiones de clase. Así que pasé el trance y sobreviví pero David Lynch no iba a dejar que yo me fuese de rositas…
Dos años más tarde paraba yo por otra asignatura, y para desgracia mía el temario incluía al pelos y su obra….BLUE VELVET!!!! aderezado con la realización de un ensayo obligatorio sobre esta película, lo que suponía volver a verla para hacer el trabajo. Pues nada, le eché narices, la vi (que me costó un dolor), me documenté,e hice el trabajo como una campeona. Y cual es mi sorpresa cuando el profesor me devuelve el trabajo y me había puesto un 5 bajo junto con una nota que ponía “este trabajo no parece original”. Pero será ca****!!! encima que me lo había currado más que ningún otro ensayo va y me dice eso!? Les hubiese dado yo terciopelo azul a él y al David Lynch, vamos. Así que tras acordarme de los árboles genealógicos de ambos me olvidé de todo aquello pensando que ya nunca más se cruzaría el cansino este en mi camino.
Pero hace dos veranos se me ocurrió ir a hacer un curso de verano al Pirineo. Tres días en la montaña hablando sobre cine, “qué guay” pensé. Y al llegar a la presentación me pasan el programa y veo “sesión 3: David Lynch y visionado de Carretera Perdida”… Me entraron ganas de hacer balconing desde la ventana del aula al jardín.
Gracias a dios desde hace dos años no he vuelto a saber nada más del pelos. Y que dure.

Rememorando tiempos universitarios: teorías descabelladas

Como se podrá observar estoy bipolar perdida y me he cargado la entrada anterior (gracias por los comentarios, por cierto), así que os dejo por aquí un flashback que tuve anoche de mis años mozos. Si como dice mi abuela “tienes más pareceres que una burra!!”.

Teorías descabelladas: si ves patos apruebas seguro.

Corría el otoño de 2003 cuando, tras haber aprobado casi todo el primer curso de carrera en septiembre (me quedó hasta la hora de echar el café en junio), todavía tenía una asignatura pendiente para diciembre. Así que allá por el mes de noviembre andaba en mis horas de café-biblioteca con mi amiga preparando el exámen, y como éramos unos culos de mal asiento a la hora de estudiar juntas (cosa que terminé más o menos superando con el tiempo), decidimos irnos a dar una vuelta y al pasar sobre el Huerva vimos unos patos por el río (cosa un tanto novedosa por esos tiempos, ya que el río nunca ha destacado por su limpieza) y surgió una teoría que funcionó -o más bien no, quién sabe-. Ella dijo “mira, patos!! Vamos a aprobar ese exámen Sonia”. Tras mi cara de wtf? y las risas que nos entraron ante semejante tontada, la broma de los patos terminó plasmada en una servilleta de un bar a modo de contrato y firmada por las dos, en la cual quedaba constancia de que si aprobábamos volveríamos a ver a los patos para otros exámenes.

Y ahora es cuando os estaréis preguntando ¿y aprobasteis? Pues sí, lo hicimos. ¿Fueron los patos? …. pues me parece a mí que no, porque tiempo después volvimos a hacer lo mismo y no funcionó, así que lo achacamos no a nosotras sino a que fuímos a ver a los patos del parque en vez de a los del río y por eso no aprobamos. El contrato siguió vigente aunque, que yo recuerde, ya no volvimos a hacer eso más, y puede que esa servilleta a fecha de hoy todavía ande por un cuarto trastero.

Moraleja de esta historia: NO TE FÍES DE LOS PATOS DE ESTANQUE

Rememorando tiempos universitarios: la biblioteca de la facultad 1ª parte

Leyendo la entrada de Angelillo sobre la biblioteca de su antigua facultad me han venido a la cabeza recuerdos (meeeeeeeeeeeeeemorieeeeeeeeeeeeeeeees nianonianonianonaaaaaaaaaaaa) sobre la mía. De hecho fueron dos las bibliotecas por donde pasé mis años de máster del universo (a mi la licenciatura se me quedaba corta). Así que voy a comenzar a narrar una historia que voy a hacer por entregas porque esto hay que contarlo desde el principio de los tiempos.

Corría el año 2002 cuando comencé la universidad, en una facultad que apenas pisé el primer año porque todas las asignaturas las daba en otro edificio. A lo único que pasaba a la facultad era a la biblioteca, rebautizada en este blog como área 51 o sala de autopsias (de alienígenas) porque aquello dejó de ser biblioteca un par de años después y pasó a convertirse en sala de estudio.
Pues bien, la biblioteca era una enorme sala verde, con ordenadores rancios, personal más rancio aún si cabe, estanterías rancias…vamos, el colmo de la tecnología y el modernismo. Yo siempre he sido más de ir a “estudiar” a la biblioteca, así que en época de exámenes la visitaba bastante a menudo ya que el resto del curso lo pasaba en el bar o en el césped cuando no tenía clase o cuando me fumaba alguna. Si la biblioteca era rancia, en el sótano disponíamos de una sala oscura y siniestra conocida como el zulo, donde bajé un par de veces a estudiar, pero daba más la impresión de estar en la peli de Tesis que otra cosa.

Esta es el área 51

Algún año más tarde inauguraron la nueva biblioteca, con su personal amable (igual era el mismo pero cambió el chip al ser todo nuevo), sus dos plantas con sus salas de estudio, salas para grupos de trabajo, salas para impartir clases de los másters, sala de exposiciones. Venga salas! Por su cercanía con la facultad de derecho aquello se empezó a llenar de pijos, divinas de la muerte despeinadas, ingenieros, opositores etc etc y no la pisé tanto. Me quedé en la “nueva” sala de estudio con los perroflautas, los erasmus, otros opositores y gente de variada índole respirando las fragancias a chotuno que allí se concentraban, dado que no había aire acondicionado como en la nueva. Y fue aquí, en esta sala, donde se vivieron algunos de los momentos más épicos de mi vida universitaria. Aquí va uno de tantos capítulos:


Se nos cae el techo a pedazos
Año 2008, año de la Expo del Agua. El tiempo se ha tomado al pie de la letra lo del año del agua, porque llueve sin conocimiento durante los meses previos a la exposición. Tanto cantar la Amaral su versión del “A hard rain’s  a-gonna fall” de Dylan que no para de llover (“Llegará, llegará, llegará, llegaráaaaaaaaaaaa, la toooooooormeeeeeentaaaaaaaaaaaa”, jodo, ya lo creo que llegó). Como resultado de tanta lluvia y filtración comienzan las goteras en la sala, comienzan los precintos en algunas mesas porque los techos comienzan a caerse. Ir a la sala de estudio se convierte en una mezcla de riesgo y diversión porque en primer lugar corres el peligro de que te caiga  un trozo de techo a la sesera y por otro lado esa sensación de “uy a ver, a ver a quién se le cae el techo encima hoy!!!!” es super divertida. La gente no estudia, se pasa el día mirando al techo por precaución, hasta que ocurre esto que queda grabado por la gente, lo que todavía me sorprende es que no se cayese ningún ventilador:

Tras varias situaciones así, aquella sala se asemeja más a un escenario del CSI que otra cosa, porque está la mitad precintada, solo faltaban las siluetas de tiza en el suelo de algún alumno que murió en su intento de aprobar Epistemología de las Ciencias Sociales o el curso de remover té inglés I.
Es durante esa época también, que según me cuenta un colega, el techo del baño que hay cerca también se cae…encima de una chica. Risas mil. Pero vamos, que a la zagala no le debió hacer mucha gracia.
El problema se solucionó (más o menos). Ahora solo falta esperar a que venga otro año de lluvias monzónicas y termine cayendo todo el edificio por su propio natural, así se ahorran en las excavadoras para la demolición que iba a comenzar allá por 2003 pero que todavía andan esperando.

CONTINUARÁ…

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